No peirao os nenos inseríronlle nas velas e no
mascarón de proa,
rumbos imaxinarios e seguía a travesía por
soños descoñecidos
na proba abstracta do porrón de vidro,
para move-la rosa dos
ventos no gobernallo
e crear, a eito, novos
ronseis de fantasía.
Marchei singrar de novo as brancas horas,
mornas,
do
reloxo das ondas,
só pola cor azul do recendo da mar, que
abrangue o tempo
dende
o alén das idades e dos deuses.
Vivir nos soños baleiros argallando andrómenas
incríbeis,
sen quen me retrotraia ao son das ás dos
morcegos,
nin eu ser quen de me remontar no sino do facho
amarelo,
neste enfebrecido fado etéreo, que herdei dos
ventos,
nunha espiral, sen xeito, dándolle as mesmas
voltas
ao mesmo veo, variando as cores e as
transparencias,
navegando o mar de sempre, que sempre, sempre é
outro
no milagre do alento, acendendo unha luz, nova
cada día
nos
eidos do esquecemento.
Despois de ter o rumbo feito algo se torceu
no
compás da balea piloto
e a
manda acabou varada no taro, sen hálito.
Baixamar de auga doce na baía, berro inane de chamada
ao fondo infindo azul, perdéndose,
enguedellada nos cons da bocana
ao
pé da atalaia.
As patas da garza negra escriben, sen luz, con
letra miúda
enriba das ondas cantigas da amores prohibidos.
Bicos roubados á vertixe do cantil branco.
Fun buscar máis soños e non achei a saída de volta.
BAJEL
En el muelle los niños le insertaron en las velas
y en el mascarón de proa,
rumbos imaginarios
y seguía la travesía por sueños desconocidos
en la
prueba abstracta del porrón de vidrio,
para mover la rosa de los vientos en el timón
y crear, a mansalva,
nuevas estelas de fantasía.
Marché
singlar de nuevo las blancas horas, tibias,
del reloj de las ondas,
sólo por el color azul del aroma de la mar,
que abarca el tiempo
desde el otro lado de las edades y de los dioses.
Vivir en los sueños vacíos
discurriendo tinglados increíbles,
sin quién me retrotraiga
al sonido de las alas de los murciélagos,
ni yo ser quién de remontarme
en el halo de la antorcha amarilla,
en este enfebrecido hado etéreo,
que heredé de los vientos,
en una espiral,
desmadejada, dándole las mismas vueltas
al mismo
eje, variando los colores y las transparencias,
navegando el mar de siempre,
que siempre, siempre es otro,
en el milagro del aliento,
encendiendo una luz, nueva cada día
en el territorio del olvido.
Después de tener el rumbo hecho
algo se torció en el compás de la ballena piloto
y la manada acabó varada en el bajío, sin resuello.
Bajamar
de agua dulce en la bahía,
grito
inane de llamada al fondo infinito azul,
perdiéndose,
enmarañada en los arrecifes de la bocana
al pie de la atalaya.
Las patas de la garza negra escriben, sin luz,
con letra menuda
encima de las olas,
cantigas de amores prohibidos. Besos robados
al vértigo del acantilado
blanco.
Fui a
buscar más sueños y no hallé la salida de vuelta.