NO MAR DOS OLLOS DO POLDRO
No chan frío da choiva, xace axeonllado o laio
do poldro,
que se perdeu coa néboa
no chan da choiva fría.
Ás veces chega un eco feble. Azul, un chío
acompasado
risca
unha filigrana na súa soidade.
Só na ceavoga lle gañan as ras aos sapos, non
no canto!
Veñen os anxos á lagoa polas cantigas e marchan
con elas
nas ás
das couzas alén da liña do ceo.
Tamén eu quixera, baixo da pedra cantar co sapo
pero,
que che hei dicir que
ti non saibas da ceavoga?
Bebe a egua rubia da herba a néboa e acaríñaa o
ceo;
sombras frías de choiva
estarrecen o ermo.
Navegando coas moscas no mar dos ollos do
poldro morto,
xa me dirás de que cor
queres mañá a alba,
para rebenta-la beleza,
rexia, do soño imposíbel.
Veño de lonxe mira-la néboa, para quedarme
collido ao recendo que
trae a lúa nas ás da harpía.
Cantando os mares, contando as ondas, mirando a
néboa.
Rematou a cantiga. O xograr sentou na ponte á
sombra
e agradece, cun aceno da cabeza, a esmola que
lle deixan,
para rebenta-la beleza,
rexia, do soño imposíbel.
Azuis no mar dos ollos do poldro bravo buscando
a illa.
Veño de lonxe ao alén, coas moscas, buscando a
illa,
para conta-los mares,
para
canta-las ondas
na néboa do mar dos ollos do poldro bravo,
buscando
a illa.
Buscando
a illa.
EN EL
MAR DE LOS OJOS DEL POTRO
En el suelo frío de la lluvia, yace arrodillado
el lamento del potro,
que se
perdió con la niebla en el suelo de la lluvia fría.
A veces
llega un eco endeble. Azul, un trino acompasado
traza
una filigrana en su soledad.
Sólo en la ciaboga le ganan las ranas a los sapos,
no en el canto!
Vienen los ángeles a la laguna por las cantigas
y marchan con ellas en las alas de las polillas
al otro lado de la línea del cielo.
También
yo quisiera, bajo la piedra cantar con el sapo pero,
que te
he decir que tú no sepas de la ciaboga?
Bebe la
yegua rojiza de la hierba la niebla y la acaricia el cielo;
sombras
frías de lluvia estremecen el yermo.
Navegando con las moscas
en el mar de los ojos del potro muerto,
ya me
dirás de que color quieres mañana el alba,
para
reventar la belleza, regia, del sueño imposible.
Vengo
de lejos mirar la niebla, para quedarme
cogido
al aroma que trae la luna en las alas de la harpía.
Cantando
los mares, contando las ondas, mirando la niebla.
Remató
la cantiga. El juglar se sienta en el puente a la sombra
y agradece, con una señal de la cabeza,
la limosna que le dejan,
para
reventar la belleza, regia, del sueño imposible.
Azules
en el mar de los ojos del potro bravo buscando la isla.
Vengo
de lejos al otro lado, con las moscas, buscando la isla,
para
contar los mares,
para
cantar las ondas
en la
niebla del mar de los ojos del potro bravo,
buscando la isla.
Buscando
la
isla.
Muíños, 17xan26